sábado, 24 de abril de 2010

Lo que quiero...


Serian casi las doce, la hora en que ya se habían servido los desayunos y aun no llegaban los primeros clientes del almuerzo. El bar estaba casi vacio, salvo una camarera que limpiaba detrás de la barra y yo, que mataba el tiempo leyendo un periódico mientras esperaba a mi cita.

Era uno de esos bares antiguos de los que aun quedan en el centro de la ciudad, de los pocos que habían sobrevivido a la invasión de Mcdonalds y pizzerías, con la barra de piedra gastada, el suelo de grandes baldosas blancas y negras, muy viejas, y grandes mesas y bancos de madera.

En ese momento los oí.

Eran una pareja joven, sobre los treinta, estaban sentados en la esquina, en una mesa al lado de la ventana, ella era rubia, guapa y muy alegre; cuando reía se le formaban pequeñas arruguitas al lado de los ojos, y debía reírse mucho, porque esas marcas ya eran casi permanentes.

El era moreno, ni guapo ni feo, del montón, pero su sonrisa y mirada de inteligencia le conferían cierto atractivo. Tenía un aire canalla, de caradura simpático.

Hablaban si parar, interrumpiéndose uno al otro, bromeando y sin dejar de reír; la complicidad entre ellos era evidente y por un momento sentí una punzada de nostalgia ¿Cuánto hace que no tenía yo una relación como esa?

En un momento dado él dijo algo, sonriendo satisfecho, ella soltó una carcajada mayor, y alzo su brazo como para pegarle en broma…

El alcanzó su mano en el aire, antes de que llegara a golpearle, y la mantuvo así, entre sus dedos, mirándola a los ojos.

Ambos dejaron de reír, y se miraron a los ojos. Permanecieron así un rato, en silencio, mirándose uno al otro.

Entonces ella habló:

-¿Qué quieres?

Esas palabras parece que devolvieron al chico a la realidad. Sonrió, desvió la mirada y alcanzó un menú, mientras que con su otra mano seguía estrechando la de ella.

-Mmm, no se, aun no lo he pensado, algo caro seguro, recuerda que hoy pagas tu ¿eh?- le respondió con un guiño.

Esta vez ella no le devolvió la sonrisa, sino que siguió mirándole seria a los ojos, mientras que sus manos seguían entrelazadas en medio de la mesa.

-No, no me refiero a eso, me refiero... ¿Qué quieres?

El bajo la mirada y durante un rato no dijo nada, después, encogiéndose de hombros, la miró y, con una media sonrisa en su cara, el tipo de sonrisa fatalista del que se va a tirar a la piscina y sabe que no hay agua dentro, dijo:

-¿Qué quiero? Bueno, lo que quiero… quiero que cada mañana cuando abra los ojos, lo primero que vea sea a ti, a mi lado, sonriendo. Eso quiero.

Lo dijo de un tirón, sin pausas, sin atragantarse, como si llevara toda su vida preparándose para ese momento. Luego sonrió, y se callo.

Ella no dijo nada, solo siguió mirándole a los ojos durante mucho tiempo, sin soltarle la mano.

Al fin, habló:

-Pero no nos conocemos, casi no me conoces…-murmuró

-Si, cierto, ¿cuando hace que nos conocemos? ¿dos semanas? ¿tres? Tienes razón, no te conozco… pero yo si me conozco, y se lo que siento cuando estoy a tu lado. Cuando estoy contigo, me siento bien, me siento... feliz, y hace mucho tiempo que nadie me hacia sentir así. Y eso es lo único que necesito saber.

Ella no le contestó nada, solo apretaba su mano, fuerte, desde mi sitio podía ver los nudillos, blancos por la presión.

-Pero tranquila, no voy a hacer nada estúpido- él sonrió de nuevo, una sonrisa triste- estas cosas solo salen pasan en el cine, en esas películas románticas que a ti te gustan, en pretty woman y demás… pero esto no es una película, esto es la realidad.

Y la realidad es que tu tienes novio, que vives con el y que yo… en fin, esa es la realidad. Su sonrisa triste se acentuó.

Volvieron a quedarse callados, mirándose. El estaba tranquilo, relajado, como si se hubiera quitado un gran peso de encima, ella, sin moverse, mirándole a los ojos.

Al final el separó su mano de la de ella, se levantó, y se puso a su lado, le acaricio el pelo y lo beso, y se fue hacia el fondo del bar, a los servicios, pasando por mi lado.

Ella permaneció quieta, sentada en silencio.

En ese momento decidí marcharme; ya sabía lo que ella iba a responder, y no quería escucharlo.

Porque a veces es mejor no saber como acaban las historias, a veces es mejor imaginar como terminan, porque así les puedes poner el final que quieras, aunque sepas muy bien, que no es el auténtico.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso, me ha encantado, ojala escribieras mas cosas como esta y menos de politica.

Wafah dijo...

El amor es algo maravilloso pero las cosas no son como nosotros queramos que sean. La vida suele ser muy complicada y las decisiones que hay que tomar son dificiles. Tu te fuiste antes de saber lo que iba a contestar la chica porque probablemente no te iba a gustar lo que dijese pero... ¿Te has parado a pensar que tal vez su contestación pudiera ser la mas logica y adecuada?
Enamorarse es algo muy bonito pero hay otra cosa que se llama responsabilidad, saber lo más conveniente en cada momento, en fin, mirar al futuro, y creo que esa chica tenia la cabeza muy bien amueblada.
Creo que eres un chico bastante joven, Emigrante, por eso me ha sorprendido bastante que digas que hace tiempo que no tienes una cita como esa. ¿Te has parado a pensar cual es la causa de eso? Tal vez ahí puedas encontrar las respuestas. Y sumandome a la opinión anterior, yo tambien espero que escribas más sobre estos temas y menos sobre el Juez Garzón, que bastante tiene ya el pobre... Saludos y besos.

El emigrante dijo...

O sea que, para ti “lo mas lógico y adecuado” es estar con alguien que obviamente no amas (no se puede querer a dos personas a la vez) porque es “mas conveniente para el futuro”… sabiendo esto ahora entiendo algunas cosas sobre ti. Sin ánimo de ofender, Wafah, que pena me das…

P.D: siento decepcionarte, pero sobre Garzón volvemos a hablar mañana, que ya me canse de escuchar tonterías

elena dijo...

Sí se puede, emigrante, amar a dos personas a la vez durante un corto tiempo. Tienes al novio, al que quieres pero una ausencia o una crisis o un desencuentro, aleja momentaneamente de tí. Y puede llegar un desconocido con electricidad en la mirada, o "química" si quieres llamarlo así y llenarte de angustia e incertidumbre durante un tiempo...en el que debes decidir. Si por la solidez de la persona que conoces, amas y respetas o por la pasión fugaz que igual no te conduce más que a la frustración. Ah, sufrimientos atroces de juventud...qué lejos quedan ya.
Y eso que no ocurrió nada de lo que pudiera arrepentirme...

El emigrante dijo...

Hablamos de cosas distintas Elena, yo no me estoy refiriendo aquí al “encoñamiento” ni al deslumbramiento que un desconocido nos produce y que confundimos con amor solo porque nos hace olvidar la rutina de nuestra relación de pareja. Hablo de cuando conoces a alguien y te das cuenta de que es la persona que has estado esperando toda la vida, aun sin saberlo.

El problema es que hay que ser muy valiente para tirar por la borda una vida cómoda ya hecha, así que nos ponemos excusas como “es un calentón” “hay que ser responsable” etc.

Yo personalmente prefiero guiarme por la máxima “mejor arrepentirte por algo que has hecho, que por algo que no has hecho” ya que lo peor que puede ocurrir es pasar tu vida con la persona equivocada.

Pero esa es mi opinión.

Saludos.


P.D: Pense que las mujeres erais mas romanticas ¿cuando os habeis vuelto tan pragmaticas?:)

mil_rosas dijo...

Emigrante, pues yo dejé de ser romántica hace mucho tiempo, poco a poco, después de varias relaciones en donde siempre salí perdiendo, he perdido la fe en el amor. Creo que lo bonito es el principio de una relación, pero luego con el tiempo todo se va estropeando.

Bueno, no quiero parecer una derrotista, solo quiero ser realista, pero entiendo que haya personas que crean en el amor y el romanticismo y me alegro por ellos.

Saludos.

El emigrante dijo...

Bueno Milrosas, dicen que el realista es el optimista bien informado, en todo caso yo quiero ser un poco mas posotivo (o romantico) y la semana que viene escribire alguna otra cosita de estas ¿sera la primavera o me estare amariconando? ;)